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Arte de mar: la artista Mity Scaglione

Mity Scaglione está por mudarse, las paredes de su casa se parecen a la claridad de un lienzo blanco y, desafortunadamente, su taller está desarmado. Estas líneas escritas en abril del 2018 datan de mi primer encuentro con la artista.



Scaglione es una mujer adulta, oceanógrafa, viviendo en una ciudad mediterránea. La única conexión que tiene con el mar son las esculturas que hace, o como ella las llama, “sus peces”.


“Todo lo que ves es madera de descarte y el metal es de chatarrería” dice al recibirme en su living. “Nada es de plástico” –causa principal de la contaminación de los océanos–. La obra entera de Mity esconde los misterios que encierran los objetos que, a su vez, hoy se han transformado en las escamas y las colas de sus amigos. Habla de ella con aprecio y dedicación. “Todos podrán decir que esto es algo reciclado. Pero no coincido. Porque lo reciclado es algo que se puede volver a usar para otra cosa. Y además, es algo en lo que puede descifrarse que era antes de ser lo que es ahora” afirma.



Mity eligiendo los elementos de su obra

Scaglione comenzó con una técnica de arte contemporáneo conocida como Driftwood, que consiste en el arte de reutilizar la madera que devuelve la resaca del mar. A pesar de ser una obra joven, que comenzó hace apenas un par de años, su arrecife cuenta con más de dos decenas de creaciones.


Sentada en la pirca interna que divide la entrada de la casa y el comedor, vestida con ropa casual y unas sandalias cómodas, comienza a presentármelas una por una: “Cada pez tiene un nombre, por ejemplo, esta es Lady dont go, este es Aleph y aquel El guardián del acantilado. “Muchos tienen nombres de lugares de la Patagonia, lugares que conozco mucho y que tengo en la cabeza”, comenta.



Lo fascinante de la chatarra –y es aquí donde reside el encanto según la artista– es la posibilidad de rescatar partes ínfimas que quizás antes eran componentes de una “maquinaria inmensa”.


Se considera “buena en hacer” pero sus ojos profundos se apagan cuando recuerda las malas experiencias que tuvo con galeristas. “También es una cuestión de contactos y yo soy un poco antisocial”, admite. Scaglione reflexiona sobre el hecho de convertirse en artista, porque en base a su pensamiento señala que “es difícil decir quien es o no artista” y que cree que “lo bueno es sacar las cosas de adentro”. Recuerda que una vez empezó un pez con el objetivo de venderlo y se “trabó” 200 veces. Luego, cuando se dio cuenta, dijo “¿qué estoy haciendo?”, confiesa, “tiré todo el trabajo y empecé a hacer el pez. El pez que venía a mí”




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 2019 Colorina

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Maria Victoria  Margara